gestionar la relación familiar

Cómo superar los conflictos familiares

Cuidar a un familiar que ya no puede valerse por sí mismo genera un cambio radical en la familia. La mayoría de las veces suele ser el pariente más cercano el que se ocupa de esta tarea. Ante esta situación, cada miembro toma un rol en el entorno del cuidado de la persona dependiente que repercute en las relaciones familiares, ya que surgen otros temas de conversación y preocupación, así como tareas nuevas para hacer. Y ahí es cuando pueden surgir problemas.

Es difícil evitar o controlar posibles conflictos familiares ante este nuevo escenario, pero no estás solo si esto sucede en tu entorno: cuatro de cada diez familias que cuidan a un mayor dependiente experimentan peleas recurrentes.
Casi siempre, los problemas aparecen por los desacuerdos sobre el cuidador sustituto (cuando el cuidador no está disponible), los cuidados complementarios y los cuidados conjuntos. En resumen, podemos enumerar las principales razones:

  • Diferentes creencias familiares
  • Problemas previos a la necesidad del cuidado
  • La soledad que siente el/la cuidador/a principal
  • La falta de ayuda por parte del resto de familiares
  • Discrepancias en los criterios para la institucionalización

Es muy importante que tengas en cuenta que en esta problemática el afectado no eres solo tú, sino que también padece tu familiar dependiente que percibe los problemas, e incluso puede sentir culpa y cierta responsabilidad de llevar al entorno familiar a esa situación.

Conflictos en tres niveles

Hay tres niveles de conflicto interno:

  1. Con el familiar dependiente. La relación entre ambos puede modificarse cuando una persona se vuelve dependiente de la otra. Puede surgir sentimientos de frustración o culpa porque hubieras querido no ser su cuidador. A su vez, la persona dependiente puede experimentar resentimiento por ser dependiente o por perder la capacidad de cuidarse a sí mismo, pero también puede sentir agradecimiento por tu ayuda.
  2. Con el cuidador principal. Si eres tu, quizás eres el/la que se lleva la parte más difícil, ya que te haces cargo de una situación que posiblemente pueda causarte perjuicios a tu salud física y mental: Impotencia por no poder brindarle a tu familiar lo que este necesita, estrés por no poder ocuparte de tu propia vida como antes, pero a la vez irritabilidad porque sientes que el resto de la familia quizás no se compromete del mismo modo.
  3. Con miembros de la familia. Es el conflicto más común y la mayoría de las veces surge porque ellos creen que el cuidador (y el familiar cuidado) están bien y que no necesitan nada. Pero eso no siempre es así y quizá tú esperas una respuesta más comprometida.

¿Cómo superar los conflictos para estar mejor?

En principio, debes tener en cuenta que el apoyo de tu familia es muy importante. Debe ser un pilar en el que te puedas sostener. Por lo tanto, es esencial considerar que los distintos miembros de la familia participarán de forma diferente en el cuidado del familiar dependiente, de manera que para cada uno tendrá una repercusión personal diferente.

Si estás soportando problemas y no puedes solucionarlos, entonces pon en práctica estos consejos para gestionar la relación familiar:

  • Comunicación: Debes hablar con tu familia de manera franca y sincera, y explicar cuáles son tus necesidades y las del familiar dependiente. A su vez, debes escuchar lo que tus familiares tengan que decirte.
  • Habla con tu familiar dependiente: Siempre que sea posible, no dudes en consultar su opinión. Es una manera de tenerle en cuenta, de que conserve su dignidad personal y la autonomía que le queda.
  • Compromiso: Exige compromiso de tu familia. Es también una manera de cuidarte. Debes dejar claro que, si bien eres tú quien cuidas a tu familiar, la responsabilidad de hacerlo es de todos.
  • Límites: Intenta escapar de los chantajes emocionales tanto de tu familia como de la persona que cuidas que muchas veces, e incluso de forma inconsciente, son una fuente de conflictos.
  • Tareas: Puedes hacer una lista y compartirla con tus familiares, de este modo ellos podrán decidir con qué tareas podrían cooperar.
  • Pide ayuda: No eres menos por pedirla. Si es una causa de conflicto, pues reúnete con todos y cuéntales lo que te ocurre.
  • Autocontrol: En muchas ocasiones perderás los estribos, pero no debes ceder a la tentación de descargarte con tu familia ni con tu pariente. Inhala y exhala, el autocontrol te ayudará a no explotar.

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