Ayudas para el cuidador

Consejos para pedir ayuda: ¿Por qué el cuidador a veces la rechaza?

Cuidar a una persona dependiente es gratificante. Sabes que estás cuidando a un ser querido, que te necesita y que todo lo que tú hagas será para darle bienestar.

Por supuesto, que esta situación genera cambios en tus sentimientos. No es una tarea sencilla y es normal que experimentes diversas sensaciones como enojo, ira, frustración, cansancio, ansiedad, entre otras. Es por eso que antes de caer en el llamado en el “síndrome del cuidador” que implica la falta de interés, así como episodios de ansiedad o depresión, es necesario pedir ayuda.

¿Qué tipo de ayuda puedes recibir?

La responsabilidad de cuidar a un familiar no debe recaer exclusivamente sobre ti. Por ello, es esencial que sepas con qué ayuda puedes contar:

  • Familia. Debería ser tu primera fuente de ayuda. Es importante compartir las responsabilidades. Pese a que en muchas ocasiones los miembros de la familia no ven la magnitud del problema, debes comunicar si necesitas ayuda. Puedes organizar reuniones familiares con el objetivo de distribuir las responsabilidades y debes ser claro y directo con tus necesidades.
  • Ellos pueden ser tu válvula de escape para que te ayuden a “descansar” mentalmente del cuidado de un familiar.
  • Psicólogo. Existen terapias que tratan específicamente los problemas que suelen afrontar los cuidadores y la nueva dinámica de convivencia en la que se encuentran.
  • Grupos de ayuda al cuidador. Son personas con la misma problemática que tú y buscan mejorar su situación social y colectiva. Te brindará la posibilidad de escuchar nuevos puntos de vista y de compartir experiencias.

¿Por qué rechazas la ayuda?

La respuesta es la culpa. Muchos cuidadores no piden ayuda a sus familiares y amigos porque piensan que se trata de una responsabilidad exclusivamente de sí mismos. Otras razones comunes son que no quieren molestar a otras personas, piensan que será interpretado como un signo de debilidad o bien que el ofrecimiento debería de surgir de las demás personas.

No sientas vergüenza al pedir o aceptar ayuda, piensa en los beneficios que trae aceptarla y en las consecuencias para tu salud si intentas hacerlo todo tú solo y sin descanso.

Es verdad que cuando alguien recibe la propuesta altruista de que lo ayuden, es reconfortante. Pero lo cierto es que ocurre en contadas ocasiones. No esperes a sentirte abrumado para pedir ayuda. Tu salud y la de la persona a la que cuidas te lo agradecerán.