Ira en personas mayores: ¿por qué ocurre? ¿cómo tratarla?

2017.09_ira

La llegada a la vejez no solo supone alteraciones físicas en los ancianos.Su equilibrio emocional se ve ampliamente afectado y ello conlleva, en ocasiones, a la tristeza profunda, aislamiento, depresión y situaciones de enfado o ira que pueden generar escenas de violencia y agresividad que hasta entonces no habíamos visto en la persona.

¿Cómo actuar en situaciones de ira en personas mayores? ¿Cómo ayudar a que la persona mayor no se sienta furiosa?

Por qué aumenta la desconfianza y agresividad en la vejez

Las causas más comunes que desembocan en escenas de ira en pacientes de la tercera edad son:

  •  Sensación de inutilidad.
  • Falta de autonomía, dependencia.
  • Pérdida de capacidades y funcionalidad.
  • Desconexión con el presente.
  • Rechazo al cambio.
  • Demencia y delirios.
  • Trastornos mentales.

Cómo gestionar la ira en ancianos

Evitar situaciones y personas que generan irritabilidad. Si sabes que hay conversaciones y personas que generan malestar en el mayor, evita tratarlos abiertamente, salvo cuando sea estrictamente necesario. Quizás el paciente no se muestre irascible en el momento, pero la acumulación de ira deriva en episodios más violentos.

Distrae su atención. Ponte a hablar de algo cotidiano, pregúntale qué ha hecho a lo largo del día, ignora sus provocaciones y la conversación que prevés va a derivar en un estado de descontrol emocional.

No hay un ganador y un perdedor. Las personas mayores tienden a magnificar hechos muy pequeños. Lo que comienza como un detalle que aparentemente es insignificante deriva en un estallido violento. Si presientes que el paciente está frustrado por algo que ha ocurrido a lo largo de la jornada, que ha escuchado o presenciado, intenta que pierda el foco en ello. El anciano intentará tener la razón y, si no lo consigue, se sentirá humillado y como un perdedor. Convéncele de que no se trata de ganar o perder nada e invítale con frases explícitas a que recuerde cosas que le hagan sentir bien: “te acuerdas de esta persona? Me lo he encontrado en el parque y me ha contado que…”.

Demuéstrale que no es frágil. El anciano se siente frágil, desprotegido, desvalido, que ha dejado de ser útil a la sociedad. Explícale lo importante que es en la familia, su aportación a lo largo de los años, el resultado de sus esfuerzos,… El objetivo es que deje de estar a la defensiva y que sienta que su figura sigue teniendo sentido y es relevante en la vida de los demás.

No trates de razonar. Durante la vejez, la memoria y la capacidad de pensar con lógica se ven deterioradas. Aunque te resulte difícil de entender, no hagas al anciano sentirse mal cuando no entienda algo. Si insistes, aumentará su vulnerabilidad y probabilidades de enfado descontrolado.

No te lo tomes como algo personal. Ya sabes lo importante que es que como cuidador, tú también te cuides. No tomes los momentos de enfado del paciente como algo personal. Intenta quitarle importancia y evitar pensamientos negativos con respecto a lo ocurrido. Tu estado de ánimo afecta notablemente al del anciano dependiente. Tómate un tiempo y enfoca tu atención en algo que te agrade, relájate y retoma tus tareas un poco más adelante, más calmados todos.

Ayuda profesional. Cuando veas que los episodios de ira son muy frecuentes y puedan derivar en daños físicos, consulta con un médico, psiquiatra o psicólogo que os ayude a gestionar sus emociones y a actuar correctamente en dichos momentos.