La segunda fase del cuidado

La toma de consciencia

Ya sabes que acompañarte en el camino del cuidado es uno de nuestros compromisos más firmes, por eso cuidador, indistintamente del momento del cuidado en el que te encuentres queremos hacerte de lazarillo en cada una de sus fases.

Durante los siguientes meses iremos transitando contigo este camino. Hoy queremos hablarte de la segunda fase: La toma de conciencia de la situación o adaptación al acto de cuidar.

Puede ser que previamente a esta fase hayas sentido vergüenza o culpa por no haber sido capaz de darte cuenta antes de la situación que tenía tu familiar. Es muy normal sentir esto: ya sabes que las emociones dan información que nos permite adaptarnos a lo que está ocurriendo, así que no niegues ni tu culpa ni tu vergüenza. Abrázala, ten compasión de ti mismo, y piensa que necesitabas el tiempo y la experiencia que te dio esa primera fase de negación para poder ver la situación tal cual es.

Si en este momento estás aceptando que tu familiar está enfermo, esto te puede hacer sentir:

  • Tristeza, ya que le estás diciendo “adiós” a la buena salud que tenía tu familiar, al rol que ocupaba en tu vida y a la vida que tenías tú antes de ponerte a cuidar.
  • Alegría, esta emoción es uno de los componentes fundamentales de la motivación, es normal que la sientas, ya que será el motor que te sirva de arranque para empezar a aprender cosas nuevas sobre el cuidado.
  • Sorpresa, es una emoción muy ligada al aprendizaje, y tú estás aprendiendo a cuidar. Los adultos solemos estar bastante desvinculados de esta emoción, deja que sea la que te guie en el proceso de aprender a cuidar.
  • Miedo, es una emoción que nos invita a la reflexión y a la posterior acción, en esta fase es importante que analices si el miedo que estás sintiendo es un miedo real y adaptativo a la situación o es un miedo proyectado por posibles acontecimientos que podrían darse en un futuro (en este segundo caso no sería un miedo adaptativo)

Estas emociones vendrán en mayor o menor medida, a veces de la mano, a veces aisladamente.

Es importante que aprendas a recibir a cada una de ellas, a entender que cada una te da un mensaje y a dejarlas marchar posteriormente. Transitar este camino es saber hacer una buena ruta emocional.