Atención disfagia: cómo detectarla y precauciones a tomar

¿Sabías que la dificultad para tragar, o disfagia, es una de las problemáticas asociadas a la edad más frecuente? Además, se trata de una más de las dificultades asociadas a las demencias como el Parkinson o el Alzheimer. En un estudio realizado en España entre mayores que residen en centros de la tercera edad, se encontró que el 65% tenía dificultades para tragar.

Además de afectar a su bienestar de forma general, la disfagia puede tener importantes consecuencias para la salud, como malnutrición (porque no comen todo lo que deberían a causa de esta dificultad) o neumonías (porque parte de los alimentos o líquidos que ingieren acaban en los conductos respiratorios).

A continuación, veremos algunos consejos para lidiar con la disfagia.

Es importante detectar pronto la disfagia

La disfagia se presenta de forma progresiva, es decir, pasamos paulatinamente de no tener ningún problema para tragar a tener pequeñas molestias, ligeros atragantamientos, etc. Puede llegar un momento en el que comer se convierta en un verdadero problema. Si conocemos cuáles son los síntomas, podremos consultar con el médico cuanto antes, para evitar que llegue a afectar a otros aspectos de la salud.

Estos son los signos de alarma en los que nos debemos fijar cuando come o damos de comer a la persona dependiente:

  • Se atraganta o tose con cierta frecuencia durante o después de las comidas, o al beber líquidos.
  • Se queja de dolor o de molestias en la garganta.
  • Come muy despacio, o le queda comida en la boca después de tragar.
  • Le cae la saliva con frecuencia.
  • Le cuesta comer alimentos que antes comía sin problemas.
  • Tiene sofocos mientras come.

¿Qué precauciones tomar en el cuidado de una persona dependiente con disfagia?

En las personas mayores, la disfagia suele ir asociada al deterioro muscular y nervioso, por lo que, una vez aparece, suele acompañarles durante el resto de sus vidas. Por eso, debemos centrar nuestros esfuerzos en dos aspectos clave:

  • Que continúe alimentándose bien a pesar de la disfagia.
  • Que pueda alimentarse de forma segura, sin atragantamientos ni aspiraciones.

Con estos objetivos en mente, los siguientes consejos te resultarán de gran utilidad:

  • Habla con vuestro médico de familia o enfermera acerca de la idoneidad de utilizar espesantes o gelatinas para mezclar con las bebidas y alimentos líquidos, de forma que sean más seguros para la persona con disfagia. Considerad asimismo la posibilidad de empezar a triturar los alimentos.
  • Si optáis por alimentos no triturados, deberán ser alimentos de fácil masticación, es decir que se deshagan fácilmente en la boca sin necesidad de masticar demasiado. También será mejor evitar los alimentos demasiado secos, como los frutos secos o ciertos tipos de galleta, así como aquellos que mezclan más de un tipo de textura (como una sopa con fideos o un yogur con trozos).
  • Visitad al odontólogo: un ajuste de la dentadura puede ayudar mucho. Además, una buena higiene oral también es importante para lograr una adecuada salivación.
  • A la hora de comer, es importante mantener una adecuada postura: con el tronco recto (o lo más recto posible), con el cuello recto o ligeramente inclinado hacia delante (nunca hacia atrás).

No obstante estos consejos, mantén la atención frente a nuevos síntomas que puedan aparecer, o si se agudizan los ya presentes. La disfagia puede ir evolucionando y las soluciones válidas en un momento pueden quedarse cortas más adelante. Sigue siempre las instrucciones del profesional sanitario que realice el seguimiento.

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