Demos la palabra a los cuidadores

Carta de una cuidadora

Querid@ usuari@:

Mi nombre es Rebeca, Ángela, Eli, Aroa, Duli, Ángeles, Mati, Adri, María y Gelines.

Soy, en verdad, la voz conjunta que habla por estas diez mujeres que inician su formación como Auxiliar de Ayuda a Domicilio.

Estoy aquí debido a la necesidad personal y social que encuentro de capacitarme y adquirir conocimientos y habilidades de atención a personas con alguna dependencia, y de prevención del avance de la misma, para que sean lo más independientes que puedan durante el mayor tiempo posible.

He cuidado de personas con diferentes enfermedades: Demencia, Ictus, Parkinson, etc. Todas ellas tenían dificultades como: movilidad reducida, pérdida de memoria, falta de control de esfínteres, úlceras,… Por falta de información y formación de cómo hacer las cosas “bien” y la sobrecarga de trabajo tuve problemas de salud.

Cuidé de mi madre y abuela con Alzheimer, hasta entonces para mí un gran desconocido. Viví momentos de frustración, inseguridad, impotencia, dolor y a la vez amor, que no sabía cómo encajar, mientras la veía apagarse: triste, flaca, acabada, ausente, frágil e incapaz de todo.

Cuidé de mi hermana con Fibromialgia, en un mundo de dolores, trastornos y sufrimientos incomprendidos.

Cuidé de mis abuelos, enfermos de Parkinson. Sus temblores y su rigidez disminuían su movilidad. Yo llegaba a enfadarme conmigo misma cuando a veces, al intentar ayudarles, no conseguía evitar sus caídas.

Cuidé de mi madre, que padecía una artritis dolorosa que la limitaba en sus labores de cada día. Pasado un tiempo me di cuenta que mi propio estado anímico estaba por los suelos. Quizá influyó el no tener los conocimientos y habilidades para cuidarla mejor, y también cuidarme yo.

Cuidé a una mujer mayor a la que el mundo se le había venido encima, sufría una fuerte depresión y hasta había perdido su independencia en casi todas las actividades del día a día (más que la capacidad de hacer las cosas, lo que perdió fueron las ganas de hacerlas). ¡Y todo ello a raíz de una caída! Era un poco frustrante luchar cada día contra ese enemigo invisible que es la depresión, pero vi lo importante que fue mi trabajo tanto en el apoyo físico como en el emocional.

Cuidé a mi abuela con demencia: poco a poco perdió la memoria, sufría alucinaciones y ¡a veces ni me conocía! Perdió la movilidad también, hasta el punto de quedar encamada. Yo a veces me sentía impotente al querer ayudarla, porque parecía que le causaba dolor una simple caricia.

Todo esto que he vivido, lejos de amedrentarme, me ha traído aquí, con el firme propósito de obtener mi certificación profesional.

Me gusta ayudar, soy amable, cariñosa, lista, dedicada, responsable, cercana. ¡Yo soy cuidadora!

Deseo saber más, deseo hacerlo mejor y me veo capaz de adquirir los conocimientos y habilidades profesionales sanitarios y sociales para no sólo ser una buena persona a la que “le gusta cuidar”, sino desempeñar esta labor de forma profesional y darle a usted una mayor calidad de vida.

Se despide atentamente esta futura Auxiliar Socio-Sanitaria a Personas Dependientes en el Domicilio:

Rebeca, Ángela, Eli, Aroa, Duli, Ángeles, Mati, Adri, María y Gelines

Deja un comentario

Comparte tu experiencia con nuestra comunidad de cuidadores